El Médico La Envió A Casa Para Que Muriera, Pero La Bebé En Su Inocencia No Quería Morir

Esta historia es un ejemplo de que la vida se aferra con fuerza y que siempre es mejor tener esperanza.

Erica y Stephen Jones ya eran padres de una niña pequeña cuando una prueba de embarazo les confirmó que serían padres otra vez. La felicidad de ellos era indescriptible, desde siempre habían querido formar una familia numerosa y aquella nueva bebé los llenaba de jubilo y entusiasmo.

Los primeros meses de embrazo fueron normales, Erica sintió un poco de nauseas y desaliento pero todo cabía dentro de la normalidad de un embarazo común. Sin embargo, cerca al quinto de mes, después de practicarse un ultrasonido de rutina, los médicos informaron a los ilusionados padres que algo no estaba bien con su bebé. Abigail, como habían decidido llamarla, no sólo tenía síndrome de Down, según los médicos, los exámenes mostraban que tenía un gran tumor cerebral imposible de operar que acabaría con su vida a los pocos días de que la bebé naciera.

Ambos con el corazón roto aceptaron la situación y se dispusieron a disfrutar de los escasos días que podrían compartir con su hijita, luego la dejarían ir para que se reuniera con los ángeles en el cielo.



A los cuatro mese de recibida la noticia Abigail Jones nació y justo como los médicos lo habían pronosticado sufría de síndrome de Down y luego de hacerlo un tac confirmaron también la presencia del enorme tumos. Todo estaba saliendo como les habían dicho. Su corazón estaba despedazado y no les quedaba otra opción que aceptar la cruda realidad. (Lee también: un enfermero vomitó en pleno corredor cuando vio lo que esta madre le inyectaba a su hijo).

Loe médicos del hospital de Florida en Estados Unidos les dijeron que ellos no podían hacer nada por su bebé y que lo mejor era que fueran a casa y disfrutaron de los días, tal vez, las semanas que su niña permanecería en este mundo, pero que luego la dejaran ir… Continúa en la siguiente página…