Él No Es Una Niña, Sólo Está Haciendo Esto Por Amor A La Humanidad


La historia de este niño es ejemplar.

Christian McPhilamy le dio al mundo una verdadera lección de valentía, humildad, compromiso y devoción. Su ejemplo nos demuestra que la edad nada tiene que ver cuando de hacer el bien a otro ser se trata.

Sin embargo, su historia también nos muestra un lado oscuro de las personas que, llenas de prejuicios, son capaces de ofender e intentar hacerle daño a los sentimientos de aquellos que ven diferentes, desconociendo por completo la realidad que se esconde detrás de cada rostro y la grandeza de una acción desinteresada.

Christian es un gran chico, conoce a continuación su historia y compártela en nombre de todos los que hacen grandes sacrificios para que este sea un mundo donde todos, inclusive las personas que están enfermas reciban un poco de esperanza y amor.

Tiene 8 años, vive en Melbourne – Florida, es inteligente, curioso, inquieto y siempre mostró una gran empatía con aquellos que atravesaban momentos difíciles, situaciones injustas o dolorosas, con aquellos que estaban en estado de necesidad o de enfermedad.

Una noche, hace dos años, vio un comercial de un hospital local que invitaba al público en general a donar cabello para los niños que lo habían perdido a causa de tratamientos con quimioterapia, quemaduras u otras razones similares.

Christian puso mucha atención al comercial, pero el asunto no trascendió sino hasta unas horas después cuando su madre, Deeanna Thomas, y él hicieron una búsqueda en Google sobre un tema que a Christian le interesara mucho. Este ejercicio lo hacían todas las noches y se había convertido ya, en una tradición familiar.

Los temas que buscaban generalmente estaban relacionados con animales y medio ambiente, pero esa noche Christian le pidió a Deeanna hacer una búsqueda sobre donación de cabello a personas enfermas.

Uno, tal vez no el definitivo, pero si importante tema que rodea el tratamiento y la recuperación de pacientes que han sufrido agresivas enfermedades como el cáncer o terribles accidentes con quemaduras, es el aspecto físico que adquieren. Un rasgo común a muchos de ellos es la ausencia de cabello por eso requieren una peluca como parte fundamental del fortalecimiento emocional  en su proceso de lucha contra la enfermedad. Ellos necesitan sentirse frente a la sociedad, lo más normal posible para tratar de aligerar un poco el gran peso que la enfermedad significa en la vida de un paciente.

Y esto sólo es posible gracias a personas que donan su cabello, el cual es recibido por fundaciones que fabrican las pelucas y las reparten entre los pacientes que las necesitan, pero no las pueden costear, ya que aunque suene increíble, las pelucas hechas con cabello natural tienen un alto costo.

Pero, seamos sinceros, ¿Cuántos estamos dispuestos a donar nuestro cabello? El cabello! que hace parte fundamental de nuestro aspecto físico, que incluso cuidamos con más esmero que otras partes de nuestro cuerpo, que se constituye como en elemento comunicativo a la hora de enseñar parte de nuestra personalidad, ¿Cuantos estamos realmente dispuestos a deshacernos de él, para dárselo a un desconocido? Pues Christian McPhilamy si lo está.

 

Luego de que Deeanna hiciera la búsqueda que Christian le pidió y de que se informaran lo suficiente al respecto, este le dijo con toda la seriedad del mundo a su madre que se dejaría crecer el cabello y lo donaría a una fundación que ayudara a niños que lo necesitaban.

Y así, firme y decidido comenzó el camino. Un camino que duraría dos años para ser culminado, no sin tener que enfrentarse antes, al rechazo e incluso la humillación que otras personas le harían por querer conquistar su noble y generoso propósito. Esta es una foto de Christian justo antes de comenzar a dejarse crecer el cabello.

A medida que su cabello fue creciendo, los otros niños comenzaron a rechazarlo por parecerse a una niña. Pero lo más duro fue soportar las criticas de los adultos, como por ejemplo, el día que un hombre desconocido se acercó y directamente le dijo que su pelo estaba demasiado largo y que tenía que cortárselo. Una vez más, Christian hizo usó de su coraje, nobleza y humildad y con toda la calma del mundo le explicó, como lo hacía siempre, las razones de porqué dejaba su cabello largo. El hombre profundamente apenado tuvo que excusarse y retirarse.

Pese a todas estas situaciones Christian nunca insinuó siquiera querer cortarse el cabello y abandonar su misión, por el contrario, continuó firme hacia su meta. Siempre contando con el apoyo y la fortaleza de sus padres.

Su cabello creció hasta la cintura y finalmente, en junio de este año llegó el momento de cortarlo. Todos estaban nerviosos, su madre le separó el cabello en coletas y así las cortaron. Luego su padre terminó el trabajo perfilando el corte. Christian al fin era libre de todo ese cabello y de los momentos molestos a los que tuvo que hacerles frente. Él mismo confesó sentirse bien de tener el cabello corto otra vez.

Según contó su madre en su perfil de Facebook, Christian estaba muy feliz de haber logrado su objetivo, no por él, sino por los niños que se beneficiarían con ello. Y ellos como padres estaban a punto de explotar de orgullo.

Sin embargo, otro momento de dicha vivirían un par de semanas después, cuando llegó una camiseta y un merecido certificado reconociendo y agradeciendo la donación de Christian.

Hoy Christian McPhilamy vuelve a la normalidad con su cabello corto, pero un niño en alguna parte vuelve a sonreír frente al espejo al ver el reflejo de un guerrero que ha enfrentado la enfermedad y con ánimo está listo para salir al mundo una vez más. Esto gracias a Christian, a su empeño, a su valentía y a su gran corazón.

Redactar esta historia, me recordó una frase de Platón que en algún momento de mi niñez, mi abuelo me transmitió y que intenté tomar como un pilar de vida: “Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro”. Con el tiempo se desdibujó un poco este ideal, pero hoy, gracias a Christian, reaparece ante mi como algo que definitivamente quiero incluir en mis días.

Si a ti esta historia también te produjo una sensación de querer hacer de tu vida y de este mundo algo mucho mejor, te invito a que no desfallezcas en tu propósito y que animes a quienes te rodean a conocer la historia de Christian y a buscar inspiración en ella. Compártela!


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