“Ellos Podían Salvarla Y No La Quisieron Ayudar, Ellos Tenían La Única Motobomba”

En el vídeo la pequeña le pide a su madre que rece por ella, pero también, como intuyendo lo que le espera, se despide.

La tragedia ocurrió hace más de 30 años, pero la carita de Omayra Sánchez esperando que alguien le pudiera ayudar nos duele como si esto hubiese ocurrido ayer. Y así tiene que ser, porque ella es un símbolo de la ineficiencia de un país e incluso de la indiferencia de quienes tienen el poder de ayudar y simplemente no lo hacen, desechando la vida como si de cualquier basura se tratara.

La noche del 13 de noviembre de 1985 se desprendió un alud de proporciones gigantescas que sepultó varias poblaciones cercanas al lugar, entre ellas Armero, un municipio colombiano. El desastre natural había sido anunciado por distintos organismos de vigilancia, pero jamás se tomaron las medidas para prevenirlo, o al menos, para reaccionar ante la emergencia. Se haya previsto o no, el hecho fue que sucedió y es catalogado como el segundo peor desastre natural de la historia del siglo XX, 23.000 personas murieron, entre ellas Omayra de tan sólo 13 años de edad.

Omayra murió a causa de una gangrena gaseosa luego de tres infernales días de agonía, sumergida en la lodosa agua que tapaba los cadáveres de sus familiares y atrapada entre los escombros de la que alguna vez fue su casa. Su historia conmovió al mundo, pero lo más doloroso de esta, es que su muerte se hubiera podido evitar. Se han hecho diversos rescates mil veces más complicados que el que requería esta pequeña, pero en esos casos lo que hizo que el resultado fuera exitoso, fue la solidaridad, voluntad y compromiso de los que se involucraron.



Precisamente fue eso lo que le faltó a Omayra. Los rescatistas no podían sacarla de allí, porque no tenían las herramientas para hacerlo y era indispensable contar con una moto-bomba para sacar el agua y así poder ver qué la tenía atrapada y proseguir a removerlo. Pero por más de que las personas que se encontraban en el lugar suplicaron a los funcionarios de una empresa que tenía la moto-bomba más cercana, que la prestaran para poder hacer el rescate, estos nunca lo hicieron. No hubo una sola moto-bomba en todo el país, en todo el mundo, disponible para salvar la vida de esta niña. Así de pobres son nuestros países latinoamericanos y así de incapaces los funcionarios que los administran.

La pequeña Omayra y sus últimos tres días de vida son y serán recordados siempre como el símbolo de la tragedia, una tragedia natural y una tragedia humana.

Mira en el vídeo a continuación la triste historia de Omayra y cómo un poco de solidaridad hubiera podido salvarla de una muerte atroz y compártela porque hay quienes aún desconocen parte de lo que ocurrió allí.