Esta es la bizarra historia del hombre que le cortó los pies a su hija por error

En esta tragedia no hubo culpables pero si hubo héroes. Lo ocurrido fue una demostración de lo que se puede lograr siempre que haya esfuerzo y compromiso de por medio. En una abrumadora tormenta cuando todo parece ir en contra, quien se rinde está cerrando toda posibilidad, quien lucha puede convertir la más mínima posibilidad en un rotundo éxito.

Esta historia de compromiso y superación comienza con un terrible accidente ocurrido en 1983 en Lituania, cuando una pequeña y hermosa nenita de tan sólo tres añitos de edad jugaba entre el pasto con su hermana melliza.

Ambas adoraban correr por toda la propiedad de sus padres, dos amorosos y humildes campesinos de la región, acompañándolos mientras ellos desarrollaban sus labores diarias. Ese día no fue la excepción y mientras el padre preparaba un pequeño tractor que tenía una cortadora de césped integrada que iba a usar para arreglar la parte de atrás de su casa, a las dos niñas se les ocurrió ocultarse en el alto pasto para que papá no las viera y luego sorprenderlo.

Efectivamente el padre de las mellizas no las vio, encendió el viejo tractor y luego de avanzar tan sólo un par de metros se detuvo abruptamente debido a unos espantosos gritos que escuchaba, no entendía bien de donde venían, no lograba ubicarlos, pero eran tan fuertes y desgarradores que no necesitó mucho tiempo para entender que algo grave estaba pasando.

Bajó de su tractor y vio a una de sus pequeñas,Rasa Prasceviciute-sept, toda ensangrentada y llorando desesperada, tan pronto se acercó para tomarla en brazos y revisar que había sucedido, vio la escena más terrorífica que un padre consagrado puede si quiera imaginar: su bebé tenía los piecitos totalmente separados de las piernas, la podadora los había cortado.

Sabía que si quería salvar a su hija debía actuar de inmediato, pero desde ya empezaba a sentir el insoportable peso de la culpa, no obstante apartó la auto-compasión y actuó con asertividad y determinación, tan sólo habían transcurrido un par de minutos y él ya se dirigía con su niña a toda velocidad al hospital del pueblo.

Una vez llegaron allí, el pronóstico de los médicos fue muy desalentador, Rasa había perdido mucha sangre y su vida corría peligro, para ellos en ese momento la prioridad era salvar su vida y ya daban como un hecho que la niña había perdido para siempre ambos pies.

Gracias a sus esfuerzos lograron estabilizar a la pequeña Rasa y les informaron la situación a los padres, quienes habían tomado la precaución de llevar consigo los pies de la nenita y rogaban que no descartaran la posibilidad de volvérselos a poner ya que en la época se había adelantado muchos estudios de recolocación e incluso ya había algunos casos de éxito.

Los médicos de inmediato se negaron pues no contaban ni con el equipo, ni con la experiencia y conocimiento para realizar una cirugía tan avanzada, pero un poco afectados por ver la trágica situación de una niña tan pequeña, accedieron a ponerse en contacto con colegas de la capital y pedirles que atendieran el caso.

Fue así como ese mismo día los padres y la pequeña rasa estaban siendo trasladados por vía aérea a Vilna. En el camino sentían que todo iba a estar bien y su niña pronto estaría jugando nuevamente por los verdes pastos de la propiedad junto a su hermanita.

Las cosas no serían tan fáciles.



Al llegar al hospital en la ciudad capital se encontraron con un nuevo diagnóstico pesimista. Allí los médicos consideraban que ya era demasiado tarde para intentar una cirugía de recolocación, porque si bien la cortada había sido bastante limpia, lo que permitía volver a unir los tejidos, el estado de los pies era lamentable ya que, en un intento de mantenerlos refrigerados durante el viaje, los transportaron dentro de contenedores llenos de pescado congelado.

Todos se negaron a intentarlo, excepto uno. Un joven médico, un apasionado por su labor, un hombre comprometido a servir a aquellos que lo necesitaban. Su nombre: Ramasi Datiashvili.


El joven cirujano intentó por todos los medios convencer a sus compañeros de trabajo de que le ayudaran, pero ninguno quiso ceder, argumentaban que era una perdida de tiempo. Lejos de sentirse desmotivado por las repetidas negativas, se propuso con más ahínco sacar este caso adelante y ayudar a la pequeña Rasa.

Él solo planeó meticulosamente cada detalle de la cirugía, estudió los problemas y obstáculos y diseño posibles salidas para cada escenario y así firme como deben ser los héroes entró al quirófano.

Como no contó con la ayuda de ningún otro médico la cirugía duró más de 15 horas en las que el doctor Datiashvili no paró de trabajar, al final el resultado fue maravilloso. La cirugía fue todo un éxito y un eslabón más en el avance de la medicina en cuanto a la investigación y desarrollo de recolocación de miembros cercenados.

Su colegas no lo podían creer y tuvieron que reconocer su acierto en intentar lo que parecía imposible, les dio una gran lección. Los padres estaban indescriptiblemente agradecidos con él y la nena, aunque  se estaba recuperando de semejante lesión, ya había formado un vínculo con el joven médico que duraría toda la vida.

El proceso de recuperación fue difícil y doloroso, pero el doctor Datiashvili siempre estuvo presente y fue él incluso quien le enseñó a Rasa a volver a caminar.

Hoy ya son 38 años del terrible accidente, pero gracias al amor de sus padres y al increíble compromiso del doctor Datiashvili logró recuperarse al cien por ciento y sólo queda en sus cicatrices el recuerdo de un momento que bien hubiera podido marcar su vida con la amarga tinta de la incapacidad física.

Rasa se recuperó y luce completamente normal.

Ramasi Datiashvili fue reconocido por la comunidad médica y sus aportes en el área, mencionados constantemente. Se hizo muy amigo de la familia y continuó durante muchos años en contacto con ellos.

Fuentes: NTD, Hefty, HealthyFoodSolution.