Esta Imagen Es La Culminación De La Historia De Una Madre Que Jamás Pudo Abrazar A Su Hijo

Esta historia es la prueba de la valentía y amor incondicional de una madre hacia su hijo.

El deseo más grande de una mamá es que su hijo sea feliz, a la hora de la verdad, poco importa cómo, poco importan los caminos que lo lleven a ello, lo único válido es que lo logren, eso si, sin hacerle daño a nadie, porque no es justo ser feliz a costa de otra persona, todos merecemos por igual disfrutar de la vida y cumplir nuestros sueños.

Cuando nos enteramos que vamos a ser madres empezamos inmediatamente a tejer complicados futuros y escenarios que proyectan lo que deseamos que nuestros hijos lleguen a ser y con el paso del tiempo nos damos cuenta de que no vale cuanto nos esforcemos, sólo la vida es capaz de moldear sus destinos. Pero una cosa siempre sobre sale por encima de todo, cuando cerramos los ojos pedimos que la salud esté en todo momento junto a ellos.



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Enfrentar la enfermedad de un hijo es una prueba supremamente dura, es un reto que lleva al límite todas nuestras capacidades y por momentos nos hace sentir que ya no podemos más, pero no sé de donde siempre sale una pequeña chispa de fuerza, suficiente para ponernos un paso más allá y lograr batallar incansablemente al lado de nuestro pequeño.

La enfermedad de un hijo, es una lucha sin tregua pero cuando vemos una pequeña mejoría la satisfacción es tan grande que se vuelve indescriptible, en ese instante miras en retrospectiva y te das cuenta que todo valió la pena.

La condición de Kainoa, no es propiamente una enfermedad, para mi, es una manera de ser única y especial, no está enfermo, simplemente es diferente a la mayoría de personas y sin dudas es alguien excepcional. Por eso su madre, Shanna Niehaus, quiso compartir su historia, una historia de dolor y alegría… Continúa en la siguiente página…