Su perrita ladraba desesperada para que vieran lo que había en el lago, pero fue demasiado tarde

La casa de campo era hermosa y hacía un día esplendido, todo parecía perfecto. La propiedad tenía acceso a una presa, lo que proporcionaba una vista espectacular del panorama rodeado de agua, Alexander no tardó en ponerse a correr y jugar cerca de allí, Leala no se separaba de él, cuidándolo y disfrutando del juego también.

David y Lisa al contemplar la paz y quietud del lugar sintieron que su hijo no corría ningún peligro y se dispusieron a departir con sus amigos, pero estaban muy equivocados porque el niño sintiendo curiosidad por el agua, se acercó demasiado a la orilla de la presa y se cayó en ella.

La perrita de inmediato saltó al agua y de todas las formas intentó halar al niño para sacarlo, pero no lo logró. Desesperada porque su intuición le decía que Alexander estaba en grave peligro, salió nuevamente del agua y se dirigió hacía donde estaban los padres del niño, empezó a ladrar con todas su fuerzas, se movía de un lado a otro pidiendo que la siguieran y ellos al verla empapada y actuando de esa forma, entendieron rápidamente que les estaba intentando comunicar algo.



Sin dudarlo la siguieron y ella los guió hasta la orilla de la presa, bastó tan sólo unos cuantos segundos para que vieran el cuerpo de su hijo flotando, David y su amigo entraron al agua y rescataron al niño, pero este estaba inconsciente y no lograban hacer que reaccionara. Mientras tanto la perrita no dejaba de lanzar aullidos manifestando su preocupación y lamento. (Lee también: este es el final de la historia de Buddy, el héroe que querían sentenciar a muerte).

Por casi media hora el padre de Alexander estuvo practicándole primeros auxilios, intentando no darse por vencido y apartar de su mente la idea de que su hijo había muerto. Al fin llegó un helicóptero, recogió al niño y a sus padres y los llevó al Lady Cilento Hospital en Brisbane. El panorama para el pequeño no era nada alentador… Continúa en la siguiente página…