Las palabras del Papa Francisco evitaron que esta mujer acabara con su vida

Que historia tan dolorosa y triste de contar.

Cuando las personas ven la imagen de Consuela Córdoba, con su rostro cubierto por una gruesa tela similar a una faja y unos perturbadores tubos saliendo de su nariz, se preguntan por qué está así? qué oculta bajo ese impresionante atuendo? qué le ha sucedido? La respuesta parece salida de la peor de las películas de terror, es el resultado de las acciones de un psicópata.

Hace 17 años su ex-esposo, Dagoberto Esuncho, sin haber mostrado ninguna señal sobre las oscuras intenciones que tenía, de un momento para otro, atacó sin piedad a su mujer, arrojándole ácido sobre su cara y cuerpo. Esta sustancia produce quemaduras devastadoras, prácticamente derrite la piel y en segundos los tejidos están tan dañados que muchas personas ni siquiera logran sobrevivir al contacto con dicha sustancia. Los que si, por supuesto quedan en un estado muy grave.

Un buen ejemplo de las consecuencias de un ataque con ácido son las sufridas por esta pobre mujer. Producto del ataque efectuado por el que en ese momento era su esposo, Consuela, de origen colombiano, quedó con su rostro destruido. Perdió por completo la nariz y una oreja, quedó ciega de un ojo y tanto su cara como la parte superior de su cuerpo están cubiertos por terribles cicatrices.

Es por esto que se ve obligada a usar una malla que evita que las cicatrices y heridas que nunca terminan de sanar se infecten y los tubos le permiten respirar un poco mejor, pero no lo suficiente como para no sentirse agitada y cansada todo el tiempo.

Además del dolor físico y los daños psicológicos sufridos que son insoportables, día a día Consuela vive el drama de tener que pedir limosna en los mercados y en las calles para sobrevivir, pues su aspecto físico le impide conseguir un empleo con el cual dignificar lo que queda de su vida.

Lo que su esposo le hizo destrozó, no sólo su cuerpo, sino su vida y su alma, pocos seres humanos son capaces de resistir tanto sufrimiento.

Con tristeza aún recuerda cómo era antes del terrible ataque, dice que no siempre se vio así y que hace muchos años fue una mujer hermosa:

Solía tener una dentadura perfecta… Yo era muy bonita, pero ahora estoy destruida. — Comenta entre lágrimas.

Pero tal vez lo más indignante y aterrador de este caso es que Dagoberto, el ex-esposo y atacante de Consuela, pasó tan sólo un mes en la cárcel, un mes!!!  No me explico cómo alguien que comete semejante atrocidad no es puesto tras las rejas de por vida, cómo no lo aíslan en el hueco más oscuro que tenga este mundo para que jamás sus acciones vuelvan a dañar a otra persona de tal manera.

Si bien los ataques con ácido poco a poco se convierten en el mundo occidental en una manera cada vez más frecuente de lastimar a alguien, en países como la India, Pakistán, Afganistán y Colombia han sido durante años un flagelo que las mujeres han sufrido en cifras escalofriantes.

Según el Instituto de Medicina Legal en Colombia se han producido más de 1.151 ataques con ácido en menos de ocho años, conviertiéndose en el país más golpeado de la región por este tipo de crímenes.



Dos son las causas principales para que esto sea así: por un lado, la venta libre de los ácidos con los que se llevan a cabo los ataques, los cuales se consiguen a bajo costo y fácilmente en el mercado o por Internet; y por otro, la falta de rigurosidad de las leyes para castigar a los enfermos que deciden usar los ácidos como armas para destrozar a una persona. Muchos de los casos registrados son efectuados contra mujeres por parte de sus parejas.


Pero si Dagoberto pasó tan sólo un mes en la cárcel, ¿qué miedo puede sentir otro psicópata que está planeando atacar a alguien de esta forma, al ver que en realidad tales acciones no van a conllevar consecuencias graves para sí mismo? Por eso es que las cifras no paran de crecer y sólo el repudio social podrá lograr que las penas para estos casos sean endurecidas.

Volviendo al triste caso de Consuela, un hecho reciente fue la gota que rebasó la copa, llevando su resistencia al límite y haciéndola pensar que la muerte era ya su única salida. Como si no hubiera sufrido lo suficiente, le diagnosticaron una infección en el cerebro. Sus fuerzas y voluntad de lucha ya no dieron más, deseaba morir. Fue así como inició un proceso, psicológico, legal y médico para someterse a la eutanasia.

Ya casi todo estaba listo, pero entonces ocurrió una situación que la hizo cambiar por completo sus planes, a pesar de todo su dolor.

El pasado 7 de Septiembre el Papa Francisco visitó Colombia, fue entonces cuando Consuela, una mujer de fe, se acercó a uno de los escenarios donde el pontífice haría presencia, con el ánimo de verlo y con lo que ella pensaba hasta ese momento era una idea absurda de tratar de recibir su bendición para morir en paz.

Mientras hacía la fila entre miles de personas que querían acercarse al Papa, uno de los hombres de seguridad se acercó a ella y sin decirle ni una sola palabra la tomó del brazo y la llevó ante él. El sumo pontífice le preguntó que le había sucedido y ella tan rápido como pudo le contó su historia e hizo énfasis en que había tomado la decisión de morir por lo que necesitaba con toda urgencia su bendición.

Él conmovido, le dio un sincero y fuerte abrazo, le dijo que era una mujer realmente valiente y hermosa y que de ninguna manera podía aprobar que le pusiera fin a su vida. La instó a seguir adelante. Ella sintiéndose tocada por el espíritu santo rechazó desde lo más profundo de su alma la idea de la eutanasia y se llenó de esperanza al mismo tiempo que renovaba su fe en la vida.

Voy a decirle al doctor que gracias por la inyección, pero que mejor se la aplique a otro. — Afirma con una amplia sonrisa que se logra adivinar debajo de todos sus vendajes.

Su conmovedora historia ha trascendido las fronteras de su país de origen, Colombia y miles claman porque se haga justicia con la persona que la agredió y que el país adopte políticas reales para la erradicación de este mal que azota a inocentes de una forma tan cruel y miserable.

Mucho ánimo para esta admirable y valiente mujer.

Fuentes: EuropeanPost, DailyMail, NYPost.