Madre arrepentida dejó que le tocaran la boca a su bebé y ahora el daño es irreparable

Es evidente que para nadie es fácil decirle a un familiar o a un buen amigo, “oye, no te acerques a mi hijo, no lo toques y mucho menos se te ocurra darle un beso” sobre todo cuando es un recién nacido y todos nuestros allegados están acercándose al hospital para conocer al nuevo miembro de la familia, por supuesto, como los bebés son en extremo adorables, todo el mundo los quiere tomar en brazos y besar.

Pero hacerlo es un terrible error, por ello lo mejor es que todas las personas entendamos que por decisión propia nunca debemos acercarnos demasiado a los niños porque representamos un peligro potencial para sus frágiles sistemas defensivos y así le quitamos a los padres la odiosa responsabilidad de tener que pedir que un adulto se mantenga alejado de su niño.

Debemos hacerlo a no ser que queramos ver a un sobrino, nieto, el hijo de un amigo o nuestro propio hijo pasar por la horrible y dolorosa situación que el pequeño Juliano Rogers tuvo que vivir.

Su madre Samantha Rogers hace un llamado, más bien un ruego, a la comunidad de padres para que tomen conciencia y divulguen la importancia de evitar que los adultos entremos en contacto directo con los bebés y los niños pequeños, sólo lo deben hacer quienes estén a cargo de su cuidado y cerciorarse muy bien de que tiene las manos limpias y en caso de saber que son portadores del virus jamás besarlos.

Ella quiso hacer pública la situación que enfrenta su hijo con el único objetivo de crear conciencia, porque dice que el asunto es tan doloroso que no quiere que ninguna mamá tenga que sentir esa tristeza en el corazón que ella sintió al ver a su bebé en ese estado.

Todo comenzó un día que notó que Juliano se estaba rascando mucho los bordes de los labios. En ese momento pensó que se podía tratar de alguna irritación pero siguió pendiente, luego vio que le empezaron a salir como unas ampollas, de inmediato supo que eso no era normal y lo llevó al médico.

Como suele pasar, el doctor lo diagnosticó mal, les dijo que las ampollas podían deberse a una gripa o a que el niño se llevaba constantemente el pie a la boca y tal vez de esta forma había adquirido alguna bacteria, le recetó unos antibióticos suaves y lo devolvió a la casa.

Pero las cosas no mejoraron, por el contrario, Juliano estaba cada vez peor, las ampollas no paraban de crecer, se reventaban y luego les aparecía encima una costra horrible, el bebé no dejaba de rascarse y quejarse por el dolor que sentía. Como si esto fuera poco, las ampollas ya no sólo le salían alrededor de la boca sino que empezaron a aparecer en sus manos, el cuello y en otras partes de su carita.

Samantha no se lo pensó más y está vez se dirigió, ya no a donde el doctor, sino directamente al hospital. Allí bastó un par de minutos para que los médicos se dieran cuenta que lo que el pequeño tenía era Herpes Tipo 1.



Y aunque uno asocia el herpes con enfermedades del aparato reproductor, la verdad es que hay muchos tipos y la cruda realidad es que gran parte de la población mundial es portadora de este tipo específico de virus.

Lo que sucede es que en una dulto, casi no se manifiesta o lo hace de forma muy ocasional y no pasa de unas cuantas erupciones al rededor de la boca que con el tiempo se quitan por si solas, pero para un bebé o un niño pequeño el virus no sólo es muy peligroso, puede ser mortal.

La madre se sintió destrozada al saber que no existe cura para este virus y que su hijo va tener que lidiar con el para toda la vida, sin embargo, también es consciente que fue afortunado porque hay casos muy tristes de niños que han muerto producto del Herpes.

También explica que ella no sabía que este virus era muy contagioso y que bastaba que alguna persona portadora le diera un besito o le tocara la boca a su hijo para que lo infectara. Por supuesto, no sabe quién fue el que se lo pasó a Juliano pero dice que ahora daría cualquier cosa por regresar a tras e impedir que le dieran besos o siquiera se acercaran demasiado a él.


Por ello dice que jamás se acercará a un bebé y que todos deberíamos hacer lo mismo porque no es justo que un niño sufra tanto por algo tan fácil de evitar.

Juliano por su parte, luego de estar por varios días hospitalizado, fue mejorando poco a poco y las ampollas retrocedieron lentamente, claro está, que volverán a salir, porque como ya dije es algo crónico para toda la vida, pero al menos ya saben qué y aunque tratar sus síntomas no es fácil, existen algunas formas de evitar que se salgan de control.

Para el niño fue muy doloroso porque las ampollas rascan y arden mucho, ponen la zona muy caliente y duelen mucho, si una o dos, son muy difíciles de sobrellevar, no me imagino como este pequeñito se sentía de tener toda la boquita llena de esas cosas.

Pobresillo, esperamos que nunca su Herpes vuelva a tener ese nivel que alcanzó la primera vez que le salió y sobre todo esperamos al igual que Samantha, que esta información sea compartida para evitar que otros niños pasen por esta horrible y dolorosa situación.

Fuentes: Independent, Wric, DailyMail, Wqad.