Madre e hijo caminaron juntos al destino más cruel que puedas imaginar, prepárate para llorar

Esta historia es un reflejo del espíritu inquebrantable del ser humano que lucha con todas sus fuerzas y se aferra a la vida así esté enfrentando la más dura y despiadada adversidad.

El sentimiento que produce escribir las palabras adecuadas para rendir un homenaje a un luchador, a un guerrero que merece toda la admiración que tengamos, se traduce en una mezcla de tristeza y necesidad de estar a la altura de semejante reto, porque frente al valor que él demostró, todo intento de transmitirlo parece quedarse corto y ser insuficiente en la pretensión de abarcarlo.

No obstante, no intentarlo parece no ser una opción aceptable porque todas las personas que siguen a diario estas líneas deben conocer su historia y él merece que todos guardemos un minuto de silencio para dedicarle unas palabras dentro de nosotros mismos y así agradecerle por mostrarnos cuán afortunados somos de no tener que enfrentar lo que él tuvo que vivir y y expresar nuestra admiración por tanta valentía y persistencia.

Pero como todo héroe de fantasía, nunca estuvo solo. A su lado su madre peleó con el mismo valor y sacrificio cada una de las batallas, las grandes y las pequeñas, sin dar tregua o descanso y juntos se entrelazaron en medio del dolor físico y del alma para recorrer de la mano el camino incierto y penoso que tenían ante ellos.

Su nombre, Derek Madsen, el de su madre, Cindy French. Su lucha comenzó en el verano del 2005 cuando el pequeño tenía diez años de edad, en Sacramento, la ciudad capital de California en Estados Unidos. A partir de ciertos síntomas de malestar crónico que el niño comenzó a manifestar, su madre lo llevó al hospital para que fuera revisado por varios especialistas, quienes al cabo de diversas pruebas y exámenes determinaron la causa de lo que le estaba pasando. Una madre jamás va a estar lista ni preparada a ningún nivel para oír las palabras que los médicos le dijeron.

Su hijo estaba gravemente enfermo. Le diagnosticaron Neuroblastoma, un tipo de cáncer muy agresivo que ataca en su mayoría a infantes deteriorando el tejido nervioso, casi siempre comienza a formarse en las glándulas suprarrenales ubicadas en la parte superior de los riñones pero también hay casos, en los que ha iniciado en el pecho, cuello o médula espinal. Este último fue el caso de Derek, por eso su proceso fue extremadamente complicado y doloroso.

A pesar de lo devastadora que fue la noticia, ambos, madre e hijo, se abrazaron y se prometieron luchar con todas sus fuerzas para vencer la enfermedad. No estaban dispuestos a no intentarlo y juntos se daban esperanzas de que lo iban a lograr.

Una fotógrafo muy reconocida y experimentada los contactó para pedirles que le permitieran documentar por medio de imágenes el proceso al que se iban a enfrentar. Ellos como las personas amables y generosas que eran, accedieron y a partir de allí, Renee Byer, se convirtió en su sombra y en testigo clave de su heroica lucha.

Gracias a las emotivas, artísticas y bellas imágenes que capturó, no sólo ganó en el 2007 el premio Pulitzer de fotografía, sino que nos dio a todos la oportunidad de observar desde una pequeña ventana a lo lejos lo que fue este doloroso camino y su triste culminación.

Mira a continuación algunas de las hermosas fotos que quedaron como resultado de más de un año de trabajo y revive a través de ellas los intensos momentos que vivieron Derek y su madre.


En la imagen anterior, la madre de Derek juega con él por los pasillos del hospital para distraerlo mientras preparan la sala de cirugías donde lo someterán a una operación de extracción de médula, un procedimiento peligroso y terriblemente doloroso, pero necesario para intentar salvar su vida.

La siguiente imagen es impactante, fue el momento en que el pequeño despertó de la anestesia, llorando desesperado por el dolor y su madre que trata de calmarlo y darle fuerzas para que resista.

La cirugía fue exitosa, pero meses más tarde los médicos les informan que a Derek le ha aparecido un nuevo tumor, esta vez en el estómago, deben operarlo de nuevo pero antes someterlo a un terrible tratamiento de radiación que llevará al niño al límite de su resistencia. Ambos se abrazan, lamentándolo pero dándose fuerza mutuamente.



El tratamiento era insoportable para el pequeño, lloraba desesperado y su madre con toda valentía y entereza permanecía a su lado aguantando el sufrimiento de las interminables sesiones de radiación.

En cierto momento Derek ya no soporta más las radiaciones y le suplica a su madre que lo lleve a casa, prefiere morir que continuar soportando tanto dolor. Ella y el médico intentan explicarle la importancia de reducir el tumor para que pueda ser extraído, pero también le dicen que la decisión está en sus manos y harán lo que él quiera.

Su decisión es sobrecogedora. Duele tanto que un niño tenga que pasar por tal sufrimiento.

Derek definitivamente no lo soporta más y decide terminar con las terapias de radiación y no operarse el tumor del estómago, le pide a su madre que lo lleve a casa y lo deje morir allí. A partir de ese momento ya no hay salida, se acompañarán en el final del camino, juntos hasta el momento en que la vida abandoné su pequeño y enfermo cuerpo. Se van a casa.

Aquí Derek ya no tiene fuerzas para levantarse, apenas puede resistir un par de horas fuera de la cama, en su silla de ruedas, las cuales aprovecha para asistir a un evento de beneficencia en el cual su madre dirigió unas sentidas palabras al público, hablando de lo orgullosa que está de su hijo quién ha librado una feroz batalla en contra del cáncer. Él la besa con agradecimiento.

En la siguiente imagen el pequeño ha entrado ya en su última etapa, no se puede levantar de la cama y está conectado todo el tiempo a un suministro de los analgésicos más fuertes que hay para ayudarle a sobre llevar los insoportables dolores. En este etapa su peso es mínimo, pero su estómago es enorme a causa del tumor. Su madre lo acompaña día y noche. La mujer que se encuentra con ellos es Kelly Whysong, una fiel amiga que la apoyó incondicionalmente durante todo el proceso.

El final ha llegado, Cindy toma a su hijo entre sus brazos para besarlo y decirle una última vez cuánto lo ama y lo orgullosa que está de él. Le dice que siempre lo recordará y que algún día volverán a encontrarse en un lugar donde el cáncer no los podrá seguir y allí disfrutarán otra vez de estar juntos, bajo un cálido sol que los cobijara para siempre.

Derek Madsen murió el 19 de Mayo de 2006. Su madre, como siempre, va a la cabeza de la procesión, valiente y fuerte. A su lado los hermanos del pequeño y amigos que estuvieron presentes mientras libró la más dura de las batallas. No ganó esta guerra pero su lucha es un ejemplo de fortaleza.

Llevaremos su historia grabada en el corazón y nos reconfortaremos al pensar que ahora este valiente descansa en un lugar donde el sufrimiento no tiene cabida. Si crees que su historia merece ser difundida, compártela.

Fuente: Imgur.