Confinado a las sombras durante un año, el pequeño Budi se reencuentra con la vida



Fue separado cruelmente del confortable regazo de su madre a las pocas semanas de haber nacido por individuos sin corazón ni sensibilidad que lo capturaron para ser vendido como la más insignificante mercancía. Fue así como comenzó su triste historia de vida, una marcada por el maltrato, la injusticia, el dolor y el sufrimiento. Su nombre es Budi.

Nació libre en la selva, su hábitat natural y debió haber crecido allí, como todos los animales del mundo merecen, pero no fue así debido a la destructiva intervención que hacemos los humanos a todo nivel en la inocente y increíblemente valiosa existencia de todas las especies con las que compartimos el Planeta Tierra.

Siendo un bebé de escasas semanas de vida, traficantes de animales lo capturaron y separaron de su madre, lo trasladaron a un mercado ilegal situado en Ketapang en el Borneo Occidental y allí fue comprado por una señora que se sintió antojada de comprarlo, sin darse cuenta que no estaba llevando una chuchería cualquiera, sino la preciada vida de un pequeñito, sensible, indefenso, víctima de la injusticia que los seres humanos no nos cansamos de repartir a diestra y siniestra en nuestro paso por el mundo.

Así llegó a la casa de esta mujer que con indiferencia, negligencia y crueldad, lo maltrato por más de un año. Lo primero que ella hizo fue meterlo en una jaula para pollos que tenía ubicada en la parte de atrás de su casa, desde ese momento este orangután bebé no volvería salir de allí, no en mucho tiempo…

Por supuesto la jaula rápidamente se quedó pequeña y el animalito no pudo moverse más, se quedó atrapado allí, sin poder siquiera extender sus extremidades y con la más limitada capacidad de movimiento. Fue sentenciado a la tortura más dolorosa que me puedo imaginar. Si cuando uno está acostado y pasa mucho tiempo en la misma posición los huesos y las articulaciones duelen y les cuesta estirarse de nuevo, por apenas un par de horas, no me atrevo si quiera a pensar en lo que es estar así durante meses.

El dolor que tuvo que soportar esta criatura es innombrable.

La mujer lejos de sentirse apenada por el estado del animal que había comprado, en vez de aliviarlo, continuó ejerciendo su maltrato. Nunca lo alimentó con comida sólida, simplemente se limitó a darle, de vez en cuando, leche condensada, nada más que eso.

Por supuesto, la falta de alimento hizo estragos en su cuerpito y aumentó el dolor que de por si ya sentía producto de la incapacidad que tenía para moverse. Esta fue la vida de Budi, durante su primer año.

Afortunadamente, quién sabe si por presión de alguien o en un instante de compasión y lucidez, la mujer se puso en contacto con IAR una organización dedicada al rescate y recuperación de animales salvajes y les dijo que tenía un orangután bebé enfermo y que estaba dispuesta a entregarlo.

Sin demoras Rudi de la Agency for Natural Resources Conservation en Ketapang (BKSDA), Andi del Gunung Palung National Park, Riyan de IAR y el Doctor Ayu Handayan atendieron al llamado y acudieron a la casa de la señora.

Tan pronto llegaron, se conmovieron hasta las lágrimas de ver al bebé en esas condiciones, pero hicieron uso de su fuerza para recuperarse y atenderlo lo antes posible, sabían que su estado para ese momento era crítico y debían actuar con rapidez.

Además la casa de la mujer estaba ubicada muy lejos del IAR’s Orangutan Rescue, lugar al que debían, sin dudas, trasladarlo para que recibiera los tratamientos que con urgencia requería. Se hicieron necesarias 10 horas en barco y tren para llegar al centro de rescate. Temían que el pequeño y maltratado orangután no resistiera el viaje, pero demostró tener un espíritu fuerte y si ya había soportado el sufrimiento de un año del más vil cautiverio, seguro pondría todo de sí para iniciar y terminar su proceso de recuperación.

Budi llegó a IAR el diciembre de 2014 y allí comenzó su heroico camino de lucha por sobrevivir. Las personas que lo recibieron se conmovieron muchísimo al verlo, pero de su tristeza surgió el más férreo compromiso por ayudarlo y verlo algún día sano y feliz.

Sin embargo, las cosas no pintaban bien, el cuerpo del pequeño orangután estaba muy hinchado producto de la desnutrición, sus huesos se habían mal-formado…