Dejó que sus hijos saborearan sus helados para luego arrancárselos de las manos



Jaime Primak Sullivan, una conocida escritora estadounidense, actriz y presentadora de televisión, ha recibido elogios y criticas por igual, unos la aman y otros la odian por lo que les hizo hace unos meses, al salir de un restaurante, a sus tres hijos en un intento de educarlos para que se conviertan en buenos seres humanos.

Sintiéndose siempre muy orgullosa de su familia, esta mujer comenzó su carrera como autora recopilando consejos que les daba a sus amigas y familiares sobre la crianza y el matrimonio, poco a poco con éstas ideas escribió su primer libro sobre el reto de ser una madre hoy en día.

Luego vino un show televisivo llamado Jersey Belle, el cual ha tenido mucho éxito con ella como estrella principal del programa.

Es madre de tres niños Charlie, Max y Olivia de 5, 7 y 8 años de edad y decidió irónicamente llamarse así misma como “la peor madre que hay en el mundo” repitiendo las palabras de las personas que no están de acuerdo en la forma que está criando a sus hijos, por otro lado, los que si la aprueban le dicen que es un ejemplo a seguir y una mamá inspiradora. incluso le piden consejos sobre todo tipo de temas.

La polémica comenzó cuando ella compartió en Facebook una situación a la que muchos padres nos vemos enfrentados en la cotidianidad de la crianza y que algunos no sabemos cómo corregir y otros simplemente ignoran.

Jaime, escribió lo siguiente:

Pues resulta que soy la peor madre… que hay… en el mundo.

Hoy llevé a los niños a Dairy Queen después de cenar. Una vez pidieron los postres que querían, esperamos unos 5 minutos a que llamaran nuestro número. La chica que nos atendió (de unos 17 años) les dio a cada uno el helado que habían pedido. Ninguno la miró a los ojos. Ninguno le dijo gracias. Ni a ella, ni a mí… Así que esperé. Conté hasta 10 en mi cabeza mientras empezaban a comerse sus helados y la chica me miraba fijamente (probablemente porque pensaba que yo estaba oyendo voces).

Luego observé cómo mis hijos se abalanzaban hacia la puerta. Los seguí afuera, donde les quité los helados con calma y donde mis hijos vieron con horror cómo los depositaba en la basura más cercana. Los 3 se pusieron histéricos. Yo esperé. Callada. Con calma. Cuando se dieron cuenta de que tenía algo que decirles, se callaron.

Entonces les expliqué que algún día, si tenían suerte, tendrían un empleo como el de aquella chica, y que yo esperaba que la gente los mirara. Que los mirara de verdad: les mirara a los ojos y les dijera gracias. A los 8, 7 y 5 años ya somos mayorcitos para demostrar buenos modales y decencia básica del ser humano.

Y por esto, hoy soy la peor madre del mundo.

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