La mujer que camina a su lado profanó su niñez, lo más triste… ella es su madre



Las historias de abuso siempre son historias macabras, pero las que involucran menores llevan las cosas un poco más lejos en horror, porque jamás existirá ninguna razón para justificar que un adulto le haga semejantes cosas a un niño, dañando y corrompiendo para siempre su preciada inocencia.

En este espantoso caso, una de las cosas que resulta más impresionante es que no sólo fue el padre de la niña quien abuso física y sexualmente de ella, su madre fue su principal verdugo. Pero, ¿cómo es posible esto?

Mary Goodfield, hoy rebautizada como Maria Tinschert en un intento de dejar atrás el horrible apellido de una familia que la maltrató hasta lo más profundo de su cuerpo y alma, nació en Sydney – Australia en el año 1932. Vino al mundo como todos los niños, pura e inocente.

Su historia comienza con su recuerdo más antiguo, cuando ella tenía cuatro años de edad, desde ese día sólo conocería en su vida el dolor y el miedo. Recuerda que su familia tuvo que abandonar la casa en la que vivían porque a su madre la estaban persiguiendo miembros de una peligrosa banda local llamada razor gangs. Cuando llegaron a la nueva casa los horrores comenzaron o al menos fue a partir de allí, que ella comenzó a recordarlos.

En esta imagen puedes ver en primer plano al hermano mayor de Maria y en el fondo a la casa en que la familia vivía y que ella denominó la “casa de los horrores”

Única hija entre varios hermanos varones, fue el objeto de diversión de todos ellos. El abuso comenzó de parte de su padre y madre, la horrible mujer a la que Maria describe como un monstruo se llamaba Violet Jessie Goodfield y su padre Ralph Goodfield, en sus propias palabras, el demonio en persona. Y fue así como una niña que debió venir al mundo a disfrutar de la vida, jugar, correr y aprender, tuvo la mala suerte de nacer de un monstruo y del demonio mismo. Pasaron décadas antes de que la vida le mostrara un poco de compasión.

En primera instancia fue sometida por sus progenitores a todo tipo de perversiones y maltrato, una vez finalizaba con su padre debía atender a su madre, pero es tan horroroso describir las cosas que la obligaban a hacer, que nos abstenemos de hacerlo para no herir la susceptibilidad de nuestros lectores, basta con decir que la descripción del infierno es lo que más se asemeja a la casa en la que esta pobre pequeña tuvo que crecer.

Antes de cumplir ocho años de edad, su madre, que trabajaba en un prostíbulo, la obligó a trabajar con ella, allí tuvo que soportar las peores dejaciones que un ser humano puede vivir, en manos de hombres horribles e inmisericordes.

Aquí Maria y su madre, Violet, caminando juntas de trabajo al burdel, donde ella la obligó a trabajar durante años.

Como si todo esto no fuera suficiente, cuando sus hermanos crecieron, todos abusaron de ella, excepto uno que mantuvo siempre sus manos alejadas, pero que de forma enfermiza mantenía una relación con la madre. Maria en una carta que le escribió muchos años después, le dice que a pesar de que él nunca la atacó, lo desprecia por venerar de la manera en que lo hacía al monstruo que los trajo al mundo. Dice que no puede entender como la llama la mejor mujer del mundo y que espera reencontrarse con ella más allá de la muerte. Finaliza diciéndole: “Ojalá que Dios te dé su perdón, porque yo no”.

En esta imagen puedes leer el texto original de la carta en Inglés.

Cuando cumplió quince años, sus padres consideraron que ya no les era útil y que en cambio les generaba gastos alimenticios que no querían tener que asumir, por ello le pagaron a un apostador compulsivo para que se casara con ella. Lejos de mejorar su vida, el hombre era cruel, violento y enfermo y no hizo sino continuar con la cadena de abuso a la que ella desde siempre había estado sometida.

En esta fotografía Maria con 15 años de edad, poco antes de ser obligada por su padre a casarse con un hombre despreciable.

Pasaron muchos años hasta que por fin pudo escapar de ese infierno. Continúa en la siguiente página…